Es una de sus frases más conocidas y citadas. Santiago Ramón y Cajal ya lo dijo:
«Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro.»
Una frase totalmente vinculada al concepto de plasticidad cerebral. Cuando la atención se dirige con intención, el cerebro cambia. Al concentrarnos de verdad, el tiempo deja de empujarnos y se vuelve un espacio habitable. En ese estado, donde la mente está presente en una sola tarea, se fortalecen los circuitos de aprendizaje, regulación emocional y claridad mental.
Precisamente ahí emerge la paradoja: cuando la urgencia aprieta, lo que más necesitamos es tiempo. Tiempo para entregarnos a prácticas pausadas y reflexivas, aquellas que cultivan la atención plena. Al permitirnos estar presentes en una actividad con concentración, inauguramos otra forma de vivir el tiempo, una que ya no compite con el reloj.

Concentración, espera y atención serán bienes necesarios del futuro, estarán cotizados y tendremos añoranza y nostalgia de apenas poseerlos. Concentrarnos en una tarea manual nos desconecta momentáneamente de nuestros pensamientos: dejamos de ser el peso de nuestra cotidianidad, y es aquello a lo que dedicamos ese tiempo lo que comienza a moldearnos.
Cajal formuló, brillantemente, lo que hoy la psicología y la neurociencia confirman: el cerebro cambia con la experiencia, la repetición crea patrones, y el aprendizaje requiere tiempo, constancia y dirección consciente.
Por esto quiero destacar la importancia y la necesidad del tiempo:
No me ves, pero todo cambia conmigo.
No tengo voz, pero revelo secretos.
A veces acaricio con paciencia,
a veces golpeo con fuerza.
Guardo recuerdos y disuelvo penas,
y sin detenerme…
dejo huella en ti.
El tiempo cura, enseña y transforma. Con paciencia, tranquilidad y esperanza, cada paso nos hace crecer. Pero si seguimos repitiendo los mismos conflictos, el tiempo no nos regala aprendizaje. La terapia nos ayuda a detener el bucle, a mirar nuestros patrones y aprender a cambiar, paso a paso.
El tiempo es nuestro.
Desde la psicología sabemos que la atención sostenida no solo mejora el rendimiento, sino que reduce la ansiedad, ordena el pensamiento y devuelve sensación de control. Cuando el tiempo parece detenerse en una actividad significativa, no se pierde: se invierte en salud mental.
El cerebro humano está formado por unos 86.000 millones de neuronas que se comunican entre sí a través de una red enorme y muy compleja. Cada una de ellas puede conectarse con miles de otras, y es precisamente esta red la que nos permite pensar, razonar y comprender el mundo.
Pensar no es algo automático: es una actividad consciente del cerebro, requiere atención y presencia. A diferencia de otros procesos que realizamos sin darnos cuenta, como memorizar, aprender o dormir, el pensamiento necesita tiempo. Por eso es importante dárselo, permitirnos parar y pensar con calma, porque cuando el cerebro dispone de ese espacio es cuando ocurre la verdadera magia.
Cajal anticipó, brillantemente, lo que hoy la psicología y la neurociencia confirman: el cerebro cambia con la experiencia, la repetición crea patrones, y el aprendizaje requiere tiempo, constancia y dirección consciente.
Por eso pido para el tiempo en que estamos una mezcla entre vivir de verdad, hablar con uno mismo y, si puedes, también con los demás con conciencia, descansar cuerpo y mente y meterlo en rutina. Conectar de verdad, conectar neuronas, tiempo para disfrutar las cosas, calma…
A los propósitos de nuevo año hay que hacerles un hueco real: los tienes que meter en tu plan de vida, en tu agenda.
Conciencia plena, mindfulness, atención completa, muy consciente. Casi sin darme cuenta, en consulta hacemos un ejercicio de atención plena que me parece, primero, una muestra de respeto y profesionalidad hacia mis pacientes, pero al mismo tiempo me aporta calidad y siento que me salva mucho, me satisface al final del día. Agota, pero es reconfortante. Todo en plenitud, llena más, descanso pleno, atención, intención.
Nada es nuevo, todo está ya, lo tenemos ya, el tiempo siempre es nuestro. Estamos a final de año y no hay más prisa, las horas tienen los mismos minutos y segundos. El tiempo no se va, el tiempo nos pertenece y somos nosotros quienes podemos hacer con él lo que queramos; lo primero, valorarlo. Este es mi tiempo y lo gasto contigo, contigo y conmigo.
En terapia quiero que mis pacientes se muevan: no solo se trata de pensar, solo pensar no nos lleva a nada, necesitamos acción de calidad, reflexionada. Pero eso ya lo hacen ellos fuera.
Se trata de eso, de emplearlo en calidad. Hay amigas que tejen arte con crochet, amigas que tocan instrumentos que las hacen especiales, otras que pintan y bailan, padres que se enfrentan a gigantes y defienden lo que ya casi nadie cree, el yin y el yang, hijos que leen mucho, gente que sencillamente habla más suave y se toma su tiempo para hacer las cosas… Tenemos mucha suerte, vida y, lo mejor, tiempo para disfrutarla.
(Sí, y no es nuevo, soy intensa).
